Estas pequeñas bandejas de hoja de palma llenas de flores, arroz, comida y siempre un palito de incienso las encontrarás en cada esquina de la isla, en todas sus casas, templos, aceras, vehículos, tiendas, hoteles, etc. A simple vista, pueden pasar por un simple adorno pero para los balineses tienen un significado muy profundo ya que son las ofrendas diarias más importantes de la isla.



Más allá de ser un objeto decorativo, el canang sarí es una mezcla de tradición religiosa, equilibrio espiritual y costumbre familiar que se mantiene viva desde muchísimas generaciones atrás.
En la sagrada religión balinesa, todo el universo se sostiene por el equilibrio entre el mundo divino, el humano y el de los espíritus, por eso estas pequeñas ofrendas sirven para agradecer, pedir armonía y mantener en paz aquello que nuestros ojos no pueden ver.
Estas cajitas están repletas de flores coloridas para representar a los dioses según los puntos cardinales, arroz como símbolo de vida y abundancia entre otros elementos que en su conjunto aportan algo para el equilibrio que se busca mantener.
Muchas ofrendas ponen también vasitos con café u otras bebidas, galletas, chocolatinas e incluso cigarros. Esto es porque la ofrenda también se dirige a espíritus y energías del entorno, creyendo así que algunos también disfrutan de los sabores, aromas e incluso del tabaco. De esta manera ofreciéndoles pequeños gustos o placeres es una muestra de respeto y sobre todo de convivencia.
Para culminar con todos estos ofrecimientos, se enciende un incienso que es lo que realmente activa la ofrenda. Cuando se enciende el humo, quiere decir que el mensaje, la gratitud y la intención se elevan hacia los dioses. Sin este gesto el canang sarí quedaría incompleto.
Estas ofrendas o pequeños rituales diarios pueden parecer curiosas, extrañas o excesivas pero forman parte del alma y espiritualidad de la isla por lo que entenderlas es un gesto de respeto.


